No han inventado consuelo ni
medicina para un marido que ha perdido a su esposa o para un hijo que no
volverá a disfrutar del amor de una madre por el simple hecho de no haber
podido hacer frente al pago de una hipoteca. La vida se les va figurada y literalmente
en una entidad financiera que amenaza firme con arrancarles de cuajo el techo
donde tanto han vivido. Y es que poco o nada son el caracol y la tortuga sin su
caparazón. Visto el panorama y con el ultimátum tocando el timbre de su ya
nunca jamás hogar, Amaia Egaña dedicó su suspiro final a todas esas familias
que se ven ahogadas por la economía y a la lucha contra la injusticia inmobiliaria
que tan de moda han puesto los bancos y políticos más peseteros habidos y por
haber y que conocen de sobra este genocidio financiero encubierto. A todos
ellos, comentarles que no está de más hacer las cosas hoy, porque siempre es mejor
que dejarlas para mañana. El más vale tarde que nunca no es aplicable en estos casos, desgraciados.

esto es la guerra amigos...
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