sábado, 10 de noviembre de 2012

Sin y por embargo


No han inventado consuelo ni medicina para un marido que ha perdido a su esposa o para un hijo que no volverá a disfrutar del amor de una madre por el simple hecho de no haber podido hacer frente al pago de una hipoteca. La vida se les va figurada y literalmente en una entidad financiera que amenaza firme con arrancarles de cuajo el techo donde tanto han vivido. Y es que poco o nada son el caracol y la tortuga sin su caparazón. Visto el panorama y con el ultimátum tocando el timbre de su ya nunca jamás hogar, Amaia Egaña dedicó su suspiro final a todas esas familias que se ven ahogadas por la economía y a la lucha contra la injusticia inmobiliaria que tan de moda han puesto los bancos y políticos más peseteros habidos y por haber y que conocen de sobra este genocidio financiero encubierto. A todos ellos, comentarles que no está de más hacer las cosas hoy, porque siempre es mejor que dejarlas para mañana. El más vale tarde que nunca no es aplicable en estos casos, desgraciados.


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