Amantes del misterio, bienvenidos todos al espectáculo en el que al insuperable Michael
Phelps se le escapa de manera inesperada la medalla de oro y acaba
quedando fuera del podium. Contemplad la cuarta posición obtenida y mostradle compasión y vuestro más sentido pésame a ese telespectador que se siente insultado por tal denigrante puesto, y que cuyo mayor esfuerzo
físico a día de hoy ha sido competir en la modalidad
zapping. Analizad al sofasaurus que se despacha a gusto contra el nadador americano, cuestionando su
profesionalidad y retirandole su admiración de por vida. Una
vez apaciguada su ira, y vestido para la ocasión con unas
mallas y camiseta holgada de propaganda, veréis como se dispone a echar una buena
sudada frente a la Wii Sport con la que tantos éxitos
deportivos ha cosechado.
El pseudo-deportista del
siglo XXI también se altera ante los cientos de casos de
dopaje que se destapan día sí y día también.
De modo que no os sorprenda si el especimen que exigía más y más a
Michael en los juegos olímpicos de Londres desde la televisión
de plasma de su casa, es el que ahora lucha contra las sustancias
ilegáles que mejoran el rendimiento del deportista a corto
plazo. Curioso. La película concluye humillando públicamente
y sin piedad al deportista involucrado en la trama. Aprovechando el
tirón mediático, los telediarios dedican su tiempo y
media vida a hablar de lo dificil que va a resultar recuperar la
ilusión en el deporte salpicado por el dopping. Fin del
melodrama y si te he visto no me acuerdo.
Recordad, queridos fans de lo paranormal, que queda fuera de lo
políticamente correcto posicionarse a favor del dopaje, pero
que tampoco tiene mucho sentido laurear al deportista cuando está
en lo más alto y dejarlo de lado cuando su vitrina deja de llenarse de trofeos. Los superheroes forman parte de la ficción, son utopias humanas y aún así la sociedad los impone y exige este prototipo de Batman deportivo, resultando hasta comprensivo que un deportista de élite caiga rendido a las garras de este mundo oscuro. Y es que la sombra del dopaje no desaparece pidiendo peras al olmo.
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