jueves, 11 de octubre de 2012

Los hombres que fingían no amar a los camellos

Amantes del misterio, bienvenidos todos al espectáculo en el que al insuperable Michael Phelps se le escapa de manera inesperada la medalla de oro y acaba quedando fuera del podium. Contemplad la cuarta posición obtenida y mostradle compasión y vuestro más sentido pésame a ese telespectador que se siente insultado por tal denigrante puesto, y que cuyo mayor esfuerzo físico a día de hoy ha sido competir en la modalidad zapping. Analizad al sofasaurus que se despacha a gusto contra el nadador americano, cuestionando su profesionalidad y retirandole su admiración de por vida. Una vez apaciguada su ira, y vestido para la ocasión con unas mallas y camiseta holgada de propaganda, veréis como se dispone a echar una buena sudada frente a la Wii Sport con la que tantos éxitos deportivos ha cosechado.

El pseudo-deportista del siglo XXI también se altera ante los cientos de casos de dopaje que se destapan día sí y día también. De modo que no os sorprenda si el especimen que exigía más y más a Michael en los juegos olímpicos de Londres desde la televisión de plasma de su casa, es el que ahora lucha contra las sustancias ilegáles que mejoran el rendimiento del deportista a corto plazo. Curioso. La película concluye humillando públicamente y sin piedad al deportista involucrado en la trama. Aprovechando el tirón mediático, los telediarios dedican su tiempo y media vida a hablar de lo dificil que va a resultar recuperar la ilusión en el deporte salpicado por el dopping. Fin del melodrama y si te he visto no me acuerdo.

Recordad, queridos fans de lo paranormal, que queda fuera de lo políticamente correcto posicionarse a favor del dopaje, pero que tampoco tiene mucho sentido laurear al deportista cuando está en lo más alto y dejarlo de lado cuando su vitrina deja de llenarse de trofeos. Los superheroes forman parte de la ficción, son utopias humanas y aún así la sociedad los impone y exige este prototipo de Batman deportivo, resultando hasta comprensivo que un deportista de élite caiga rendido a las garras de este mundo oscuro. Y es que la sombra del dopaje no desaparece pidiendo peras al olmo.

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