sábado, 6 de octubre de 2012

"Patatófono"


Definición: móvil o armatroste tosco, pasado de moda, sin bluetooth, ni internet y clasificado por expertos dentro de la categoría “mierda pinchada en un palo”.

Yo, como en el anuncio de los dentífricos, soy ese dentista escéptico que va en contra del nueve de cada diez que alaban la eficacia del Colgate Sensitive. Siempre tiene que haber excepciones y como a mi me han engendrado para ir a contracorriente, os confieso que adoro mi simple celular y a día de hoy presumo de lo bueno que está y del tipo que tiene. Por eso, vengo a hablaros de lo genial que estoy con él y lo mucho que quiero a esa cosita que solo sirve para llamar y mandar mensajes.


Suena raro fardar de un elemento en desuso y más teniendo en cuenta lo rápido que avanzan las nuevas tecnologías. Sin ir más lejos, hace cosa de un año, el iPhone 4 era lo mejor del mundo mundial; ahora, de repente, escucho atónita que es una basura anticuada que ya nadie quiere. Siempre he odiado los amores pasajeros, pero cuéntale la milonga al tipo que se ha gastado sus nosecientos euros en esa bazofia inservible. Sinceramente, no me explico que un objeto tan sumamente caro pase a ser algo primitivo que no satisface las necesidades vitales básicas del ser humano actual (jajajajajaJAJAJAJAJA, bajito, para que no se me escuche). Pero estamos en democracia y hay que respetarlo y de paso echarse unas risas por lo absurdo de la situación.

Os hablo de avances que cuando me paro a pensar en ellos, me producen cierto temor y rechazo. En parte porque me siento vigilada, porque supongo que os sonaran las míticas frases “ultima conexión hace 2 minutos” o “estoy mosqueada porque le he mandado un mensaje hace media hora y no me ha contestado, pero sé que el muy cabrón lo ha leído porque me aparece el doble check y eso es que pasa de mi como de la mierda”. No hace falta decir que me refiero al tuenti, whatsapp y demás redes anti-sociales sociales.

¡Pero qué invento más maravilloso el Whatsapp! Tu vida social al completo en el móvil por menos de 30 euros al mes. Para las personas que están en la onda lironda, guay, pero… ¿qué pasa conmigo, personita con un LG que lo más novedoso que tiene es la pantalla a color (y gracias)? Pues que te empiezas a aislar poquito a poco. Es en ese preciso momento cuando afrontas uno de los grandes retos de tu vida: o lo coges, o lo dejas. Y la decisión se las trae, porque ambas opciones tienen contras muy chungos. Por una parte, si lo dejas y pasas del tema, cuidado, porque te conviertes ipso facto en la amiga cara y despreciable que nadie quiere tener, porque produces un gasto de saldo innecesario y somos muy sufridos todos.


Pero si lo coges… ¡ay, ay, ay! Dios mío si caes en la tentación… enganchada asegurada y auto-marginación (pero muy a lo social, eso que quede claro). Y es que es impresionante ver el vicio que crea esta, a primera vista, simple aplicación de móvil. Roza lo patético y absurdo sentarse a comer y ver como la mitad de los comensales fijan su mirada en el “wassap” que le ha mandado equis persona y que clarísimamente es más importante e imprescindible que las patatas a la riojana que esperan ansiosas a ser devoradas. Entablar una conversación con alguien que no aparta la mirada de la pantalla y responde con monosílabos es también ridículo y a mí como que me cabrea un poco mucho. Aunque es gracioso. También soy bipolar.




Cambiemos de ámbito y pasemos al Tuenti. Del Tuenti he aprendido a desconfiar de toda red social que finge atarte más a las personas y te aporta la falsa sensación de establecer un estrecho vínculo de amistad con ellas. Porque telita marinera con los 200 amigos que tengo en Facebook y compañía. Nos queremos mucho y nos saludamos por la calle cuando no pasan de mi cara. También nos miramos mal, pero siempre desde el cariño y afecto que nos procesamos mutuamente. Love is in the air.

Falsas amistades a parte, esta especie de avances no son más que armas de doble filo que cuentan con una verdad encubierta que nunca sale a la luz: crear una necesidad innecesaria al individuo (os habéis quedado locos con el elaborado juego de palabras, ¿eh?). A título personal, añado que en mi vida anterior a las redes sociales, con un simple telefonazo a mis amigas, quedaba en tal sitio y a tal hora. Ahora todas tenemos Tuenti, pero nadie tiene saldo. Yo tampoco, en este caso no soy una excepción. Síntoma evidente de que confiamos en la incomunicación vía redes sociales. También tenemos como lema el pensamiento universal de hoy en día: mensaje privado y listo. Para que más, si fijo que lo lee y así no gasto. Ahora, voy a por dinero a la hucha, que luego caerán un par de cubatas fijo. Que ganas de sábado. Y así, priorizando.

Las redes sociales se alimentan de la apariencia, es el show business en estado puro. Tu vida parece girar en torno a lo bien o mal que sales en las fotos en las que apareces etiquetada. Y hasta que finalizas con el infierno que supone desetiquetarse de por lo menos 10 fotos en las que pareces un orco recién salido de Mordor (siempre desde tu punto de vista), tu vida no cobra el sentido que tenia antes de las 12:24 del mediodía, hora exacta en la que se publicaron dichos esperpentos que nunca tenían que haber salido a la palestra.

Y es que las redes sociales son un escaparate personal, en el que resulta imprescindible mostrar tu lado mas exhibicionista, salvaje o sensual y en el que tienes la oportunidad de subir tus mejores fotos para que acto seguido los 200 entrecomillados amigos tuentiadictos alaben vía comentarios en foto tus curvas, tu perfecta sonrisa o ese escote tan exuberante que muestras con gracia y salero. Subida de autoestima instantánea y vuelta al espejo del baño para plasmar esa reshuloneria que llevas dentro. Así hasta llegar a las 10000 fotos, que si no, no vale y pasas a ser un engendro carente de vida social.

Hace unos días escuché en la tele un sinsentido de las nuevas tecnologías. No se como explicarlo, pero si queréis lo intento. Sería algo así como antes, pero a la inversa. Anteriormente lo genial de las novedades era que cada vez eran más pequeñas, más fáciles de guardar, puesto que ocupaban menos espacio. Venga, vale. Ahora, fijaros en el ya citado iPhone. ¡Es super pequeño y compacto! Vamos, que mi móvil, comúnmente conocido como “patatamóvil” es mas chiquitico. Por eso, juro que el día que volvamos a los zapatomoviles tipo Alcatel con antena, me voy a echar grandes risas, y luego llorare en la cama porque este mundo no lo entiendo. Ahora toca pensar y plantearse pasar de las novedades engañosas, o como sabiamente afirma el refrán, unirte al enemigo en caso de que no puedas con él.

http://www.anboto.org/albistea/12678/Igerilekuko%20kalenturak

http://paperekoa.berria.info/iritzia/2012-09-19/005/003/whatsappina.htm

http://paperekoa.berria.info/iritzia/2012-09-19/004/002/baztertuta.htm

1 comentario:

  1. jaja grandes verdades, como bien hablamos ayer ... bueno poco a poco terminaremos mas hasta los ovarios de tantas pijadas, y algún día dejaremos de hacer el subnormal... hasta entonces no nos unamos al enemigo, intentemos alejarnos mas, por lo menos, si no queremos terminar siendo unos desequilibrados mentales...

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